sábado, 2 de noviembre de 2024
Cucaracha 2024
Relato de Antonio Molina
En la Taberna de Angel de Maracena, habíamos elegido en el calendario el 26 y 27 de octubre de 2024 para una vez más, y ya van dieciséis, realizar el Memorial José Antonio Aranda Segovia.
El lugar de partida fue la churrería de David, junto al Barranquillo de Maracena. Al alba llegaron José Manuel (Reloj), Oliver, Manolo, Alejandro, Cristina, Jesús, Jorge, Pedro y Antonio. Después de desayunar café y churros, partimos en coche hacia Güéjar- Sierra. Allí junto a la panadería de la plaza de la iglesia nos esperaban Paola, Javi, Raquel, Lola, Rafael, Celia y Enrique.
Con las primeras luces del día llegamos al Barranco de San Juan. En la explanada del final del camino aparcamos los coches. Enfrente confluyen el río San Juan que baja del Corral del Veleta con el río Genil. En este lugar estuvo en su tiempo la última parada del Tranvía de Sierra Nevada. El Duque de San Pedro de Galatino promovió su construcción. La línea férrea tuvo un recorrido bellísimo. Seguía el curso del Genil uniendo Granada capital y las proximidades de las cumbres nevadenses.
Cargados con nuestras mochilas, comenzamos el itinerario a pie, siguiendo la Vereda de la Estrella, en sentido ascendente. Al principio la senda es empinada pero pronto su trazado se suaviza, serpentea por la ladera de San Juan y está bordeada de castaños, arces, fresnos, encinas y robles al encuentro de las minas de calcopirita que estuvieron en funcionamiento hasta mediados del siglo XX.
La Compensatoria, la “escuela de la alegría”, fue acogedora e inclusiva. “Siempre contentos”, era nuestro lema. Esa norma sigue presente en nuestros días. La risa continuamente nos acompaña. Recordamos los partidos de fútbol, la astucia de José Antonio para siempre elegir el mejor equipo; las acampadas, los viajes, el taller, las fiestas,…
A media hora del Barranco de San Juan, nos topamos con “el abuelo”, castaño centenario al lado del camino. Allí nos esperaba Enrique y su grupo. Enrique Reyes, es nuestro reportero gráfico. Siempre presente en este homenaje a su primo hermano José Antonio, quien fue para él un referente como persona y un maestro de enseñanza inigualable.
Como siempre Antonio se queda rezagado, caminando despacio, sin prisas, hablando con José Reloj de los próximos proyectos a realizar por el grupo. El año próximo, me propone que debemos hacer un viaje grandioso, pues se cumplen veinte años de la efeméride que nos ocupa. Iremos a visitar a Ernesto y que él nos enseñe la comunidad de Cantabria. Ahí está el reto para todos. La primera salida mayúscula de la Escuela de Compensatoria fue participar en el programa de Escuela Viajeras, allá por el año 1987. Visitamos Picos de Europa, Santander, Santillana del Mar, Santoña, Cabezón de la Sal,…
Continuamos por la cómoda senda de la Estrella hasta un cruce de veredas señalizadas. Tomamos la de la izquierda y comenzamos a descender para llegar al Puente del Burro que cruza el Río Genil, ahora comenzamos un fuerte ascenso por la Cuesta de los Presidiarios. Oliver y Manolo iniciaron la subida con brío. La idea es llegar de los primeros al Refugio de la Cucaracha y coger sitio para dormir. Es increíble como Pedro, su hijo Jesús y su sobrino Jorge suben la empinada senda. Cristina y Alex muestran su fortaleza para andar. Enrique y su grupo les siguen. Y como siempre Antonio el último de la fila.
Continuos zig zags de la trocha, fuimos ganando metros a la loma hasta alcanzar un precioso mirador del Barranco del Guarnón y el Veleta. La Cabecera del río Genil forma el circo más majestuoso de toda Sierra Nevada. Todos los grandes colosos desde el Pico del Cuervo, Puntal de Bacares, Puntal del Goterón, La Alcazaba, Puntal de Siete Lagunas, El Mulhacén, Puntal de la Caldera, Juego de Bolos, Crestones de Río Seco, Cerro de los Machos hasta el Veleta forman un semicírculo de cuyos tajos y escarpes se van deslizando las aguas que unidas forman el Genil.
Después de más de dos horas de la salida de Vadillo José Reloj y Antonio llegaron al refugio de la Cucaracha. Allí se encontraba todo el grupo esperándoles.
El paisaje se mostraba espléndido, radiante de colores ocres, rojizos, amarillos, … Estamos en pleno otoño. Al fondo se oye el rugir del agua que baja precipitadamente de las alturas. Enfrente, los nortes de la sierra se iluminan con el sol de mediodía.
La comida nos une. Oliver y José Reloj propusieron en su día llevar viandas para compartir. Una paella al almuerzo y “carme a la brasa” al anochecer. Todo un lujo gastronómico. Todos colaboraron en acarrear los ingredientes del guiso, con sus correspondientes bebidas de vino, cerveza y refrescos. Hasta una botella de Jack Daniel´s para la noche.
Buscando en las inmediaciones del refugio hicimos acopio de leña porque la tarde amenazaba lluvia y bajada de temperaturas.
¡Qué rica paella cocinó Jose Reloj! Verduras, carne, gambas, arroz, buen aceite,… y mucho cariño. El secreto de todo esto está en la actitud positiva y en esa cuestión no hay quien le gane al Reloj.
Al atardecer nos desplazamos al barranco del Aceral en busca de agua. Allí discurre un arroyo con aguas ferruginosas.
De pronto cayó la noche. Comenzó a llover agua nieve y el frío hizo su presencia. Nosotros, junto con una quincena de montañeros, nos resguardamos en el refugio. Dentro, la chimenea ardía esplendorosa, con vigor, atizada la leña por Oliver que preparaba las ascuas para hacer la parrillada. Manolo nos obsequió con vino de la Contraviesa. Entre tapeo y risas comenzamos la velada nocturna. Afuera la nieve caía en copos gruesos y las cumbres se vestían de blanco.
La cena fue rica y copiosa. Oliver es el parrillero oficial de la Compensatoria. Churrascos, morcillas, chorizos, panceta, “lagarto”,… chisporroteaban entre ascuas.
Un lujo el poder estar aquí, rodeado de amigos, compartiendo manjares y riendo a carcajada suelta. Esta experiencia lúdica, deportiva y gastronómica es en tu nombre, querido y recordado amigo José Antonio Aranda Segovia.
Nos acostamos en las literas de tablas del refugio. La noche, como siempre, se hizo un poco larga.
Al alba, al salir del refugio, pudimos ver que la nieve había cuajado en las cumbres. La ladera de la Loma de Lanchar estaba nevada. El rojo de los arces moteaba el paisaje. Al fondo rugía el río Guarnón que bajaba alocadamente del Corral del Veleta. Los cuervos graznaban y un águila sobrevolaba la zona.
Café y tostadas crujientes hechas en la lumbre, aliñadas con aceite; fueron la base del desayuno.
Recogidos nuestros sacos de dormir, preparamos las mochilas. Hicimos limpieza del refugio. La basura generada, como siempre, nos la bajamos para depositarla en los contenedores de residuos habilitados para el caso en el Barranco de San Juan.
Temprano y sin demora, iniciamos la bajada. El tiempo anunciaba lluvia.
Al mediodía, en el restaurante Chikito de “Güejar- Sierra” nos esperaban Natalio, Nina y Enrique. Finalizamos nuestro periplo por estas serranías con un almuerzo familiar. Somos la gran familia de la Educación Compensatoria de Maracena.
martes, 24 de octubre de 2023
domingo, 18 de diciembre de 2022
Crónica de la subida año 2022
Y es que no tengo arreglo…
Pronto me ofrecí a ser este año el relator de la subida a La
Cucaracha, a propuesta de mi querido Compadre y henos aquí, en diciembre,
apenas sin llover y en puertas de comernos los mantecados (si es que alguien no
ha empezado ya).
Pero bueno, como dijo el otro, “nunca es tarde” así que allá
va mi crónica, confeccionada con recuerdos que, a estas alturas, me está
costando recopilar.
Día 22:
Cada vez me sabe mejor el café del bareto de la parada del
bus. Cuando llegamos Rodrigo y yo, vamos pensando que somos los primeros y no
hay manera, ya mi Compadre nos ha tomado la delantera y allí nos lo
encontramos, con su mejor sonrisa, terminando su café y en compañía de Jose,
Alfonso y Rubén. Poco a poco se van sumando Enrique y Oliver que este año vino
acompañado de su cuñado. Este año hemos tenido la gran ausencia de nuestro Xuxo
que por motivos personales no ha podido venir. A cambio, ha habido una nueva
incorporación de otro antiguo alumno de la Compensatoria: Ramón (primo de
Antonio), que para estrenarse tuvo la gran deferencia de quedarse dormido
(cosas de gente joven). Enrique ya nos había informado que nos esperaría en el
Barranco de San Juan, junto con tres acompañantes amigas suyas.
Así que con estas perspectivas nos encaminamos al comienzo
de la Vereda de la Estrella, para emprender la ruta que año tras año nos pone
las pilas en el mes de Octubre.
Me hubiese gustado decir que no pasan los años y que el entusiasmo nos hace acometer la vereda con el mismo ánimo y el mismo empuje, pero va a ser que no… Pronto la muchachada tomaron las de Villadiego a “tout vitesse”, dejándonos solos a mi Compadre y al que suscribe, lo cual nos permitió recuperar todo lo no hablado en los largos periodos de ausencia de ambos por diversos motivos (ya sabéis que los jubilados somos personas de lo más ocupadas y sin tiempo para nada).
La Vereda, como siempre una delicia. Este año hemos echado
de menos un entorno más húmedo, (maldita sequía), no obstante el río Genil ha
sido generoso, así como los diferentes arroyuelos. Me asombra que a estas
alturas pueda seguir fluyendo agua, la Naturaleza que es así de espléndida.
Así, entre charla y charla y sin apenas darnos cuenta,
llegamos al puente de Vadillo donde los demás habían hecho un alto y
aprovechamos para tomar un poco de fruta, para así afrontar la verdadera
subida: la Cuesta de los Presidiarios.
Aquí Enrique y compañía nos dejaron pues debían volver pronto.
Qué puedo decir de la Cuesta de los Presidiarios que la mayoría no sepáis?. Como todo en la naturaleza tiene sus pros y sus contras… en contra, el tremendo desnivel que hay que salvar en un relativo corto recorrido. En pro, las maravillosas vistas que recodo a recodo te va ofreciendo. Este año he contado con otro “pro”: mi Compadre, que con sus relatos, ocurrencias y reflexiones ha obrado el milagro de hacer de la subida un agradable disertar en el que hemos puesto al mundo en su sitio y en el que nos hemos despachado a gusto en lo referente a temas de rabiosa actualidad…. Jejejejeje.
Estos niños son la leche…qué sería la subida a la Cucaracha
sin ellos. Es una delicia llegar y encontrarte las literas perfectamente
organizadas y todo a punto para el primero de los varios tientos a las
vituallas. Además de todo esto, tuvieron tiempo para darle una mano de pintura
a los bajos de fuera del querido refugio que poco a poco, año tras año se va
deteriorando ante la pasividad de los diversos organismos que lo regulan. Pero
bueno, este es otro cantar.
Llega la hora de acometer una cuestión importante: a qué
meterle mano primero.. si a los filetes empanados, tortilla, chacinas, callos….
Como decimos en Maracena, menuda “briboná”. Pero así es la cosa. Quién concibe
una subida a la Cucaracha si no es para, entre otras cosas, darse un homenaje
de este tipo?. Es la ceremonia de todos los años, comer, reír, descansar, ir
por agua al Barranco de Aceral (ante el temor de que estuviera seco, el
Barranco nos sorprendió un chorro generoso de agua, mejor incluso que otros
años).
Ver atardecer a 1800 mts de altura es maravilloso y más aún
acompañado de los “incombustibles” Jose, Enrique, Oliver, su cuñado, mi hijo y
mi Compadre. Alfonso, Ramón y Rubén se despidieron al poco de llegar, pues debían
regresar pronto. Cae la noche y con ella la sopa, la tortilla, los filetes
empanados, las chacinas, los chupitos, las risas y algún que otro cubata. Quién
da más?. Además de esto, queda la velada con alguna gente que se van
incorporando durante la tarde, noche. Este año, debido a la pertinaz sequía y
las circunstancias medioambientales, hemos decidido prescindir de la clásica
fogata en la chimenea del refugio.
La noche?.. ya podéis imaginar, de todo menos dormir, muchas
vueltas en las literas, mucho ronquido, alguna que otra eyección de metano y
poco más.
Día 23:
Con la mañana llega el desayuno, el recoger basura y salir
pitando para abajo. Pues ya teníamos mesa reservada en el Asador del Genil y a
estas cosas no se debe llegar tarde.
Un año más, una subida más, una gozada, junto con el
recuerdo de nuestro querido amigo José Antonio.
Mientras podamos seguiremos subiendo y el día que no podamos,
miraremos las fotos.
MUCHO ÁNIMO Y MUCHA SALUD
Natalio.
Si queréis ver las fotos de este año. pinchar aquí
martes, 20 de septiembre de 2022
Allá vamos
Un año más y como siempre, los incombustibles... nerviosos cuando llega está época, invocando la consabida ceremonia de reunirnos en un lugar sagrado (dígase Un Bar), para preparar la subida o, ya puestos, la ascensión a nuestra querida Cucaracha. Esta vez ha sido en el bar El Parque, digno entorno de tan importante cónclave.
Tras mucho debate y mucha cerveza, queda establecida la fecha de subida de este año:
Sábado 22 de Octubre de 2022
El punto de partida: el bar de la parada del N3 (el de los churros de todos los años), a las 7:00 hs.
Este año, para los que decidan quedarse a la noche, habrá una grata sorpresa por parte de la comisión de eventos de esta subida.
Antonio (mi querido Compadre), hace un llamamiento muy especial a todas las "muchachas" que lo deseen a acompañarnos... ofreciéndose, con la gentileza que le caracteriza, a llevarlas a cuestas si es necesario.
domingo, 24 de octubre de 2021
jueves, 21 de octubre de 2021
Crónica de la subida 2021. Enrique Reyes
-Éste año te encargas tú del relato – me lanzaba en claro órdago y a modo de envite ni más ni menos que Antonio, el Gran Antonio.
Ardua tarea
se me encomienda, pensé yo. Los listones están muy altos, y aunque uno que no
es de tales menesteres, bien orgulloso recojo el testigo y templando armas me
lanzo a relatar lo acontecido en esta edición, la número catorce, de la subida
a la Cucaracha que se celebra como cada año coincidiendo con la llamada del
otoño.
LA PREVIA
Viene siendo
habitual que los parroquianos y parroquianas amantes de este tipo de aventuras
se den cita en los primeros compases del otoño para, no diría yo homenajear
sino más bien mantener viva la llama del alma mater y principal hacedor de este
invento. Hablo de Jose Antonio, como ya habréis podido imaginar.
Y es que todo
comienza, cuando la noche aún sigue siendo noche, con una quedada en el lugar
de costumbre para dar sabida cuenta del ya tradicional chocolate con churros y
de ahí partir con los primeros albores del día hasta el Barranco de San Juan
donde comienza la ruta, no sin antes hacer parada en Güejar Sierra para
“mercar” lo poco que la falta a las repletas y compactas mochilas “de la
compe”: la típica hogaza de crujiente pan recién horneado y alguna que otra
suculenta torta de chicharrones, de esas que quitan el sentido.
DE COMO
EMPEZAMOS LA RUTA
Ya de día,
con el frescor matinal venido de la Sierra que nos trae en volandas el río
Genil nos ponemos en marcha.
Por delante
unos 12 km de ida que iniciamos con el primer escollo. Una rampa de entrada no
muy exigente pero que te pilla en frío. Pronto la vereda de la Estrella se
eleva hasta que te permite divisar el serpenteante camino que se abraza a la
montaña que corteja la ruta. En el horizonte, una Alcazaba majestuosa no deja
indiferente a nadie.
El otoño
irrumpe con fuerza en las copas de los árboles invitando irremediablemente a
morir a un verano que se resiste a marcharse, con unos verdes ya mortecinos,
tornándose a ocres, rojizos y violetas.
Aún se
advierte a lo lejos el clamor del agua del río que ya queda muy por debajo de
nuestros pies. Y es que en un abrir y cerrar de ojos y como quien no quiere la
cosa hemos ascendido de manera considerable.
Pronto, los
más aventajados llegan al Abuelo, un viejo castaño centenario, fiel vigía y
centinela de la vereda que sirve de punto de reagrupamiento ya que cada cual
lleva su ritmo y su particular disfrute del paisaje.
La visita,
como no podía ser de otra manera, queda inmortalizada con alguna que otra
instantánea antes de reanudar la marcha.
Poco queda
para dejar la vereda tomando el desvío que nos hará descender de nuevo, al
conocido como “puente del burro”.
DE COMO AVITUALLAMOS
ANTES DEL CALVARIO
En estas
llegamos al río. Punto de inflexión de la ruta. Hasta ahí todo va sobre ruedas.
Momento para descansar un poco, soltar las mochilas, beber agua e incluso
comer. Las tortas de chicharrones se disponen a cumplir con su objetivo. Los
más atrevidos se lavan la cara en las gélidas aguas del río, como en una
especie de ritual.
En otras
ocasiones este punto servía como punto de regreso para algunos pero este año,
el grupo al completo osa llegar hasta arriba.
De pronto me
vienen reminiscencias pretéritas. Recuerdo la primera vez que fui allí, siendo
un zagal, como me relataba Jose Antonio lo que se nos venía encima. Me hablaba
de la parte más dura de la ruta. Da igual como la afrontes, si para arriba o
para abajo -me decía-. Levanto las vista y allí está, la emblemática, mítica y
a la vez temida Cuesta de los Presidiarios.
Aquí no valen
excusas. La Cuesta de los Presidiarios te echa un pulso cada vez que vas. Da
igual como vayas, como hayas llegado hasta allí. Hay que tomárselo con calma.
Son algo más de 2,5 km de ascensión por una, primero inestable, vereda
serpenteante. La inclinación no deja que levantes ni la vista.
Algunos meten
la directa. Se ve que hay fondo en las piernas. Otros, los más precavidos,
prefieren ir haciendo paradas, más que por precaución, por obligación.
Y es que la
rampa se las trae. En algunos trechos, la cosa se suaviza. Entonces puedes
disfrutar del paisaje. El Veleta, adornado con sus brumas de azules mañaneras.
Un poco más a la izquierda, el Mulhacén, en perfecta simbiosis, discutiéndose
al alimón el protagonismo con su vecino y la Alcazaba, que se erige
impertérrita.
Una breve y
necesaria parada en un improvisado mirador nos sirve para tomar aire e
impregnarnos de todos los aromas que nos vienen de la sierra. Abajo, a lo
lejos, muy a lo lejos, la vereda de la Estrella sigue su sinuoso camino. Parece
increíble que en tan poco trayecto se haya ascendido tanto. Poco a poco van
llegando. Unos cabizbajos, otras, valientes, deciden seguir y los más rezagados
ayudados por los improvisados sherpas que se ofrecen a aliviar de la carga las
castigadas espaldas.
DE COMO
LLEGAMOS A LA CUCHARACHA
Poco queda ya
para llegar. Apenas 15 minutos por un sendero cómodo, con alguna elevación pero
con unas vistas impresionantes.
Se va
abriendo el paisaje y allí aparece. Un “hilillo” de humo nos dice que los más
aventajados ya están preparando el hogar.
El lugar en
sí no es muy acogedor que digamos pero está cargado de nostalgia. Todos los que
entramos allí hacemos del espacio nuestra casa improvisada.
Llega la
primera sorpresa del día. Jose Ramal se ha agenciado una sartén (de los chinos,
nos dice) y nos va a preparar un arroz.
¡¡¡La madre
que lo parió!!!. Ha sido capaz de meter en la mochila todos los arreos
necesarios para una excursión de este tipo y además una sartén con todos los
ingredientes típicos para una paella campestre. Y la gracia es que estaba hasta
buena y todo.
Mientras, los
demás nos tomamos nuestro tiempo de asueto. La peña que habita “quasi” colgada
en la ladera nos ofrece unas vistas impresionantes que escapan a cualquier definición.
La temperatura es veraniega e invita a meditar.
De pronto
toca la sirena. El arroz está listo y toda la tropa saborea tal manjar entre vítores
y aplausos al improvisado chef.
Una bota de
vino “rula” de mano en mano regando a los sedientos comensales. Aquello, bien
parece una celebración con grandes fastos más que un almuerzo de senderistas.
Mientras, los
más jóvenes, sabios conocedores del lugar, hacen planes para la tarde. Después
de una breve siesta hay que ir al Aceral a por agua, recoger algo de leña para
la noche y preparar la estancia.
Y es que la
excursión incluye el alojamiento porque el regreso se hace al día siguiente. Bueno,
eso para algunas y algunos porque un pequeño grupo, entre el que se encuentra
este que relata, torna sobre sus pasos convirtiendo la ruta en ida y vuelta en
el día.
La historia
de este año termina como deben terminar estas historias, al calor de unas
merecidas cervezas y alguna que otra copa de vino en una comida de hermandad
que este año se celebraba en el Asadero.
A TÍTULO
PERSONAL
En estos
tiempos en los que priman las prisas, la competitividad por llegar rápido no se
sabe muy bien a donde y para qué, me es muy grato saber que aún quedan personas
capaces de unirse en torno a una vida que se vió sesgada de manera injusta y
temprana.
Hacer de una
excursión un lugar de encuentro al año y que todas y todos, los que asisten y
los que no, rememoren aquellos maravillosos años de la compensatoria haciendo
que los nexos de unión se fortalezcan, no tiene precio.
Gracias a
todos y cada una de vosotras y vosotros por mantener año tras año viva la llama
de la Cucharacha.
Gracias a los
incombustibles Antonio, Natalio y Xuxo. Gracias por tanto, de verdad. A María,
que después de tantos años se ha atrevido, por fin, con el ascenso, ascenso que
ha superado con creces. Gracias, también a los “compensatorios” que este año
han asisitido. Jose, incansable maestro de ceremonias una vez más, a mi tocayo
Enrique y a su hermano Oliver, a Rodrigo, a Pedro, a Irene, a Verónica y a Mari
Paz, gracias por participar de este emotivo momento. Gracias también, a todos
los que, de un modo y otro, hacéis que esta excursión se haga cada vez más
grande.
Y como no,
gracias infinitas a Jose Antonio, el eterno Jose Antonio por sembrar, sin
saberlo, las semilla de la amistad, de la humildad y de la generosidad. Gracias
de corazón.
Fdo: Enrique
Reyes




