martes, 28 de octubre de 2008

Los de siempre


A finales de octubre de 2008, Natalio Carmona, Rodrigo Carmona, Jesús Miguel Gómez, José Ramal, Manuel Moreno y Antonio Molina hemos hecho noche en la Cucaracha.
El día 25 nos citamos en el Montecristo a la siete de la mañana.
En la parada del Cerrillo de Maracena nos montamos en el autobús que nos llevó a Puerta Real. El Salón queda a poco trecho. Junto al Kiosco de la música a las ocho treinta de la mañana partió el autobús hasta Güejar- Sierra.
En la panadería de siempre compramos el pan. Hay tortas de chocolate, manteca y chicharrones.
El año pasado hubo algunas circunstancias que no permitieron el venir a nuestra acampada anual que tiene como objetivo fundamental el vernos “los de siempre” y rememorar todas las batallas habidas en los años de la Compensatoria en Maracena y que tuvieron a nuestro amigo y compañero José Antonio como protagonista.
En dirección al Barranco de San Juan afrontamos estos dos días en pleno contacto con la naturaleza.
El día se mostraba radiante, castaños, arces, alamedas, … se encuentran ya en todo su esplendor otoñal.
A Manuel el cabrero, este año nos lo encontramos cerca de las “Casas de la Sevillana”, sigue igual de dicharachero. Nos habló de la Guerra Civil, pues aquí estaba uno de los frentes de Granada y como no, otra vez nos contó lo del trato de la cabras con un paisano nuestro. En el Barranco de San Juan nos despedimos de él. Quedamos emplazados, para invitarlo a unos vinos, el domingo 26 en el restaurante Los Castaños.

Cuando los amigos de siempre se reencuentran parece como si el tiempo no hubiera transcurrido. Volvemos a hablar de las mismas cosas como si hubiera sido ayer.

La Vereda de la Estrella fue construida por una sociedad minera a finales del siglo XIX para transportar en burros y mulas el mineral que se extraía de las Minas de la Estrella. Es un placer caminar por ella, flanqueada por robles, castaños, arces y fresnos.

El Refugio de Vadillo ya no existe.

Atravesamos el río Genil por el puente del Burro.
La Cuesta de los Presidiarios sigue ofreciendo su dificultad. Despacito y buena letra solía decir José Antonio.
A las dos de la tarde llegamos a la “Cucaracha”. No había ninguna otra persona en el lugar. El refugio lo han arreglado. Está limpio, y posee varias estancias con literas de madera.
Así es que decidimos no montar las tiendas de campaña.
A la caída de la tarde el tiempo cambió. Refrescó el ambiente. Y al anochecer empezó a caer “agua nieve”.
Este año no hicimos remojón para comer. Hace dos años pasamos mucha sed.
Después de comer fuimos al Barranco del Aceral a por agua.
Por la noche dentro del refugio después de cenar, encendimos velas. José “El Reloj” cantó flamenco. Aquí comenzó el “duende” de la noche. A ello ayudó una petaca de güisqui que todos compartimos. ¡Que encanto tiene la amistad!.
Al día siguiente después de desayunar nos bajamos siguiendo el mismo itinerario que el de ida.
Finalizamos almorzando en el restaurante “Los Castaños”. Aquí nos encontramos con Juan “El Bichitos” , el nuevo propietario del establecimiento. Le dijimos de dónde veníamos y que era en honor de José Antonio. Nos comentó “que se le estaba poniendo el “ vello de punta” al recordar a nuestro amigo común.