martes, 4 de noviembre de 2008

Semblanza


A lo largo de su trayectoria profesional, José Antonio Aranda Segovia ha dejado huella en diversas generaciones de jóvenes. Una de ellas fue en el alumnado del Proyecto de Educación Compensatoria/ Aulas Ocupacionales de Maracena. Hoy, nosotros, los alumnos y alumnas de la Compensatoria queremos dedicarle estas palabras y hacerle un homenaje.
Querido maestro: te has alejado hacia tu destino sin darnos tiempo a despedirnos de ti. Nos brindaste las experiencias vividas junto a ti, tu amistad, tu sonrisa y tu docencia.
Queremos darte mil gracias:
• Por ser el singular profesor que siempre sabías presentar con una claridad que parecía evidente aún los más intrincados aspectos de las cosas, que con una agilidad mental y una memoria extraordinaria podías pasar de explicar las redes cristalinas de los minerales que nos encontrabamos, cuando íbamos de acampada, en las Minas de la Estrella en Sierra Nevada a analizar morfológicamente y sintacticamente una oración cuando estabamos en clase en las escuelas del Giner de Los Ríos . Aunque tú preferías recitarnos a Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”.
• Tu capacidad en la organización y ejecución de proyectos en los talleres. Ayudaste a un número muy significativo de nosotros a encontrar un trabajo profesional.
• Liderazgo destacado, en el que también podíamos sentir tu capacidad humana de acogida. Siempre cariñoso, afable, cordial. Fue de ese modo que congregaste en torno a ti a un número importante de alumnos/amigos que hemos desarrollado una devoción particular por nuestro maestro. Amigo franco y sincero.
• Con todos nosotros siempre te mostraste como eras llano y cercano. Sin encumbrarte. Modesto y moderado siempre presto para ayudar y enseñar a todo el que lo necesitara.
• Gran caballero, de modales tranquilos y mirada directa. Preciso y terminante en el decir. Firme en tus opiniones. Convencias con la fuerza de la razón.
• Creatividad docente que la manifestaste en el quehacer diario de tu docencia:
Juntos hemos convivido en parajes naturales, despertadonos el amor por la naturaleza y su conservación: Cazorla, Doñana, Picos de Europa, Pitres, Sierras de Huétor,..., mereciendo especial mención nuestra querida “Cucaracha” verdadero emblema de la “Compe”. Madrid, Santander, Toledo, Sevilla, Antequera, Segura de la Sierra, Almería, Motril, Iznalloz,..., son ciudades y pueblos que nos evocan recuerdos urbanos, museos, parques lúdicos, “madrugones”, risas, mochilas, estudio,... Nos vestimos de gala cuando visitamos nuestro patrimonio histórico artístico: El Prado, Alhambra, catedral de Sevilla y Toledo, Museo Nacional de Arqueología,...
El amocafre y la escardilla se han usado para cuidar nuestro Huerto Escolar.
Jugando al fútbol hemos estrechado la amistad del grupo. El deporte siempre presente en nuestras aulas. Nos enseñaste a saber ganar y perder.
En clase tu trabajo fue serio y adaptado a las capacidades de cada alumno/a. La enseñanza era un placer para ti, no un trabajo. Nunca esperabas otra compensación que la satisfacción de haber logrado que aprendieramos dibujo técnico, matemáticas, ciencias naturales,..
Hiciste posible que la Compensatoria fuera la Otra Escuela. La Escuela de la Alegría.
Nos enseñaste que crear amistad y sembrar afectos enriquece y nos enriquece. Lo más noble, lo que verdaderamente vale, ni se compra ni se vende. La bondad y la sabiduría son los supremos valores del hombre. La educación es una obra de arte.
Cada vez que caminemos por la Vereda de la Estrella y estemos subiendo la Cuesta de los Presidiarios nos observarás y sonreirás. Alzarás los brazos y nos invitarás a vivir aprovechando cada instante.
Hoy permaneces en nuestros corazones, en nuestro recuerdo. Trabajaste junto a nosotros, te has ido demasiado pronto.

¡Nuestra eterna gratitud para una persona buena, nuestro maestro José Antonio Aranda Segovia!.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Primera salida


Los días 12 y 13 de octubre de 2006 un grupo de amigos hemos vuelto a subir andando al refugio forestal del Calvario, en Güéjar- Sierra (Granada), ubicado en el Parque Nacional de Sierra Nevada. Nuestra intención es hacerlo todos los años en el mes de octubre. El motivo es encontrarnos los amigos y ex alumnos del Proyecto de Educación Compensatoria de Maracena y recordar a nuestro querido José Antonio Aranda Segovia.

Este año hemos estado en la acampada: Natalio Carmona, Amalia Crespo, Rodrigo Carmona, Jesús Miguel Gómez, José Ramal, Ernesto Aranda, Ana, Enrique Gómez, Santiago y Antonio Molina.

El sábado 12 de octubre quedamos citados a las siete de la mañana en el bar Montecristo de Maracena, allí tomamos café. En el autobús urbano nos desplazamos hasta Granada. En el Paseo del Salón tiene su salida la línea de autobuses que nos llevó hasta Güejar- Sierra.
En la panadería de la plaza compramos pan y tortas de manteca. Bien pertrechados de víveres y vino iniciamos nuestra marcha.
Tomamos la dirección de la confluencia del río Maitena con el Genil. El Valle se encontraba en todo su esplendor de colorido.

A la hora de la salida del pueblo llegamos al río San Juan. La Vereda de la Estrella se hace un poco dura al principio pero sólo durante apenas 200 metros, pues después gracias a su suave pendiente podemos disfrutar de las innumerables vistas que nos ofrece el paisaje sin excesivo cansancio.
Pasamos junto a uno de los castaños más viejos y grandes y retorcidos del recorrido. Es el abuelo.
A una hora de camino del Barranco de San Juan aproximadamente se da vista a la confluencia del río Vadillo.
La vereda que baja al refugio transcurre por un precioso robledal.
La subida por la llamada “Cuesta de los Presidiarios” se hace un poco dura hasta remontarse a un collado. Aquí la subida la hicimos lentamente. Unas personas más que otras. Algunos “vendieron chumbos” otros recordaron al “maestro de los milagros” pero todos sudamos como “los pollos de las granjas en verano”.

A la hora el almuerzo llegamos al refugio de la “Cucaracha”. Éste se sitúa enfrente del Guarnón en una plataforma llana a casi 2000 metros de altura. El paisaje que rodea el refugio es incomparable. Rodeado de nogales y encinas se abre a la grandeza de la Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera y Veleta.

Para comer entre otras viandas preparamos un “remojón” (aceitunas negras, cebolleta, bacalao, naranja y aceite de oliva). A todos nos gustó el “mojeteo” de pan. El problema vino a la tarde, después de dormir la siesta. Hizo aparición la sed. El caño de agua que había en la puerta del refugio y que tenía su nacimiento en la Loma del Calvario ya no existe. Por lo que el agua hay que ir a buscarla al Barranco del Aceral.
Hacemos hincapié en la necesidad de llevar agua.
Montamos las tiendas y esperamos que cayera la noche.
Antes hicimos una excursión al Barranco del Aceral por la vereda que va entre encinas. Allí hicimos acopio de agua.
La cena no fue liviana: quesos, chorizos, ensaladas, morcillas,… Formaron el menú. El vino de la bota también nos ayudó a alegrar la noche. Como no se debe hacer fuego nos tuvimos que calentar a base de chupitos de whisky.
A las doce de la noche se tocó “retreta”, el personal se acostó. La noche se hizo un poco larga para algunos. Aunque otros durmieron como lirones.
Con las primeras luces del día nos despertamos. La mañana era fresquita. Después de lavarnos “como los gatos” desayunamos. Y para las diez de la mañana ya estábamos bajando por la “Cuesta de los Presidiarios” en busca del río S. Juan.
En la confluencia del río S. Juan y el río Genil nos encontramos con Manuel Garrido, cabrero de la zona, con él hablamos de la sierra, de la Acequia del Tío Papeles, de los problemas que generan algunas personas en el deterioro del medio ambiente y de algunos tratos económicos que tuvo con un marchante de ganado de nuestro pueblo y que no salieron todo lo bien que él deseara. En secreto nos dijo que cerca de allí había unos excelente serbales. Allí fuimos y cogimos algunos frutos. Éstos estaban verdes y nos los llevamos para casa para que maduraran metidos entre hojas de periódico.
Al mediodía estábamos en el restaurante de “Los Castaños”. Los tercios de cerveza fresca hicieron su aparición, tapeo y buen hablar. Una paella compartida hicieron las delicias del personal.
El regreso hasta el pueblo lo hicimos por la senda que discurre por la antigua vía del Tranvía de la Sierra.
A las cinco de la tarde nos montados en el autobús de línea que nos llevó a Granada.
Han sido unos días inolvidables. Al igual que no te olvidamos a ti compañero José Antonio.