
Los días 12 y 13 de octubre de 2006 un grupo de amigos hemos vuelto a subir andando al refugio forestal del Calvario, en Güéjar- Sierra (Granada), ubicado en el Parque Nacional de Sierra Nevada. Nuestra intención es hacerlo todos los años en el mes de octubre. El motivo es encontrarnos los amigos y ex alumnos del Proyecto de Educación Compensatoria de Maracena y recordar a nuestro querido José Antonio Aranda Segovia.
Este año hemos estado en la acampada: Natalio Carmona, Amalia Crespo, Rodrigo Carmona, Jesús Miguel Gómez, José Ramal, Ernesto Aranda, Ana, Enrique Gómez, Santiago y Antonio Molina.
El sábado 12 de octubre quedamos citados a las siete de la mañana en el bar Montecristo de Maracena, allí tomamos café. En el autobús urbano nos desplazamos hasta Granada. En el Paseo del Salón tiene su salida la línea de autobuses que nos llevó hasta Güejar- Sierra.
En la panadería de la plaza compramos pan y tortas de manteca. Bien pertrechados de víveres y vino iniciamos nuestra marcha.
Tomamos la dirección de la confluencia del río Maitena con el Genil. El Valle se encontraba en todo su esplendor de colorido.
A la hora de la salida del pueblo llegamos al río San Juan. La Vereda de la Estrella se hace un poco dura al principio pero sólo durante apenas 200 metros, pues después gracias a su suave pendiente podemos disfrutar de las innumerables vistas que nos ofrece el paisaje sin excesivo cansancio.
Pasamos junto a uno de los castaños más viejos y grandes y retorcidos del recorrido. Es el abuelo.
A una hora de camino del Barranco de San Juan aproximadamente se da vista a la confluencia del río Vadillo.
La vereda que baja al refugio transcurre por un precioso robledal.
La subida por la llamada “Cuesta de los Presidiarios” se hace un poco dura hasta remontarse a un collado. Aquí la subida la hicimos lentamente. Unas personas más que otras. Algunos “vendieron chumbos” otros recordaron al “maestro de los milagros” pero todos sudamos como “los pollos de las granjas en verano”.
A la hora el almuerzo llegamos al refugio de la “Cucaracha”. Éste se sitúa enfrente del Guarnón en una plataforma llana a casi 2000 metros de altura. El paisaje que rodea el refugio es incomparable. Rodeado de nogales y encinas se abre a la grandeza de la Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera y Veleta.
Para comer entre otras viandas preparamos un “remojón” (aceitunas negras, cebolleta, bacalao, naranja y aceite de oliva). A todos nos gustó el “mojeteo” de pan. El problema vino a la tarde, después de dormir la siesta. Hizo aparición la sed. El caño de agua que había en la puerta del refugio y que tenía su nacimiento en la Loma del Calvario ya no existe. Por lo que el agua hay que ir a buscarla al Barranco del Aceral.
Hacemos hincapié en la necesidad de llevar agua.
Montamos las tiendas y esperamos que cayera la noche.
Antes hicimos una excursión al Barranco del Aceral por la vereda que va entre encinas. Allí hicimos acopio de agua.
La cena no fue liviana: quesos, chorizos, ensaladas, morcillas,… Formaron el menú. El vino de la bota también nos ayudó a alegrar la noche. Como no se debe hacer fuego nos tuvimos que calentar a base de chupitos de whisky.
A las doce de la noche se tocó “retreta”, el personal se acostó. La noche se hizo un poco larga para algunos. Aunque otros durmieron como lirones.
Con las primeras luces del día nos despertamos. La mañana era fresquita. Después de lavarnos “como los gatos” desayunamos. Y para las diez de la mañana ya estábamos bajando por la “Cuesta de los Presidiarios” en busca del río S. Juan.
En la confluencia del río S. Juan y el río Genil nos encontramos con Manuel Garrido, cabrero de la zona, con él hablamos de la sierra, de la Acequia del Tío Papeles, de los problemas que generan algunas personas en el deterioro del medio ambiente y de algunos tratos económicos que tuvo con un marchante de ganado de nuestro pueblo y que no salieron todo lo bien que él deseara. En secreto nos dijo que cerca de allí había unos excelente serbales. Allí fuimos y cogimos algunos frutos. Éstos estaban verdes y nos los llevamos para casa para que maduraran metidos entre hojas de periódico.
Al mediodía estábamos en el restaurante de “Los Castaños”. Los tercios de cerveza fresca hicieron su aparición, tapeo y buen hablar. Una paella compartida hicieron las delicias del personal.
El regreso hasta el pueblo lo hicimos por la senda que discurre por la antigua vía del Tranvía de la Sierra.
A las cinco de la tarde nos montados en el autobús de línea que nos llevó a Granada.
Han sido unos días inolvidables. Al igual que no te olvidamos a ti compañero José Antonio.
Este año hemos estado en la acampada: Natalio Carmona, Amalia Crespo, Rodrigo Carmona, Jesús Miguel Gómez, José Ramal, Ernesto Aranda, Ana, Enrique Gómez, Santiago y Antonio Molina.
El sábado 12 de octubre quedamos citados a las siete de la mañana en el bar Montecristo de Maracena, allí tomamos café. En el autobús urbano nos desplazamos hasta Granada. En el Paseo del Salón tiene su salida la línea de autobuses que nos llevó hasta Güejar- Sierra.
En la panadería de la plaza compramos pan y tortas de manteca. Bien pertrechados de víveres y vino iniciamos nuestra marcha.
Tomamos la dirección de la confluencia del río Maitena con el Genil. El Valle se encontraba en todo su esplendor de colorido.
A la hora de la salida del pueblo llegamos al río San Juan. La Vereda de la Estrella se hace un poco dura al principio pero sólo durante apenas 200 metros, pues después gracias a su suave pendiente podemos disfrutar de las innumerables vistas que nos ofrece el paisaje sin excesivo cansancio.
Pasamos junto a uno de los castaños más viejos y grandes y retorcidos del recorrido. Es el abuelo.
A una hora de camino del Barranco de San Juan aproximadamente se da vista a la confluencia del río Vadillo.
La vereda que baja al refugio transcurre por un precioso robledal.
La subida por la llamada “Cuesta de los Presidiarios” se hace un poco dura hasta remontarse a un collado. Aquí la subida la hicimos lentamente. Unas personas más que otras. Algunos “vendieron chumbos” otros recordaron al “maestro de los milagros” pero todos sudamos como “los pollos de las granjas en verano”.
A la hora el almuerzo llegamos al refugio de la “Cucaracha”. Éste se sitúa enfrente del Guarnón en una plataforma llana a casi 2000 metros de altura. El paisaje que rodea el refugio es incomparable. Rodeado de nogales y encinas se abre a la grandeza de la Alcazaba, Mulhacén, Puntal de la Caldera y Veleta.
Para comer entre otras viandas preparamos un “remojón” (aceitunas negras, cebolleta, bacalao, naranja y aceite de oliva). A todos nos gustó el “mojeteo” de pan. El problema vino a la tarde, después de dormir la siesta. Hizo aparición la sed. El caño de agua que había en la puerta del refugio y que tenía su nacimiento en la Loma del Calvario ya no existe. Por lo que el agua hay que ir a buscarla al Barranco del Aceral.
Hacemos hincapié en la necesidad de llevar agua.
Montamos las tiendas y esperamos que cayera la noche.
Antes hicimos una excursión al Barranco del Aceral por la vereda que va entre encinas. Allí hicimos acopio de agua.
La cena no fue liviana: quesos, chorizos, ensaladas, morcillas,… Formaron el menú. El vino de la bota también nos ayudó a alegrar la noche. Como no se debe hacer fuego nos tuvimos que calentar a base de chupitos de whisky.
A las doce de la noche se tocó “retreta”, el personal se acostó. La noche se hizo un poco larga para algunos. Aunque otros durmieron como lirones.
Con las primeras luces del día nos despertamos. La mañana era fresquita. Después de lavarnos “como los gatos” desayunamos. Y para las diez de la mañana ya estábamos bajando por la “Cuesta de los Presidiarios” en busca del río S. Juan.
En la confluencia del río S. Juan y el río Genil nos encontramos con Manuel Garrido, cabrero de la zona, con él hablamos de la sierra, de la Acequia del Tío Papeles, de los problemas que generan algunas personas en el deterioro del medio ambiente y de algunos tratos económicos que tuvo con un marchante de ganado de nuestro pueblo y que no salieron todo lo bien que él deseara. En secreto nos dijo que cerca de allí había unos excelente serbales. Allí fuimos y cogimos algunos frutos. Éstos estaban verdes y nos los llevamos para casa para que maduraran metidos entre hojas de periódico.
Al mediodía estábamos en el restaurante de “Los Castaños”. Los tercios de cerveza fresca hicieron su aparición, tapeo y buen hablar. Una paella compartida hicieron las delicias del personal.
El regreso hasta el pueblo lo hicimos por la senda que discurre por la antigua vía del Tranvía de la Sierra.
A las cinco de la tarde nos montados en el autobús de línea que nos llevó a Granada.
Han sido unos días inolvidables. Al igual que no te olvidamos a ti compañero José Antonio.
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