De nuevo el lugar de encuentro fue "El Montecristo" a las siete menos cuarto de la mañana del día 24 de Octubre 2009. Tras los primeros saludos y abrazos, nos tomamos unos cafés y esperamos al resto de personal.
En esos momentos éramos Rodrigo Carmona "El niño del Natalin", Natalio Carmona “De los televisores”, Antonio Molina "El Maestro", Jesús Miguel Gómez "El Xuxo", José Ramal "El Reloj" y Enrique Gómez "El Pecas". Pero nos faltaba alguien, Roberto “El Mococo” a los 10 minutos se dejo ver por la cafetería…la diversión y la alegría estaba asegurada. Además la presencia de un jamón bajo el brazo de Antonio Molina y una cuerda de escalada enganchada en el macuto del “Reloj” presagiaba unos días de buena aventura.
Tras el desayuno cogimos el autobús de siempre que nos deja en el salón pero unas inesperadas obras en dicha zona nos hicieron cambiar de acera para esperar el convoy que nos llevará a Güejar sierra, el cual, no llego hasta cerca de las nueve.
Como siempre que venimos a esta excursión, la visita a la panadería de Güejar es lo primero, pero esta vez el Reloj nos dejo a todos sin tortas de chocolate ya que se iba a llevar toda la tienda ante la alegría de la vendedora. Las risas y las voces se empezaron a escuchar en las calles del pueblo mientras iniciábamos nuestra caminata hacia el Barranco de San Juan.
El día era soleado y no había restos de nubes, se antojaba un buen fin de semana sin lluvias y frío. En esta ocasión no nos encontramos en nuestro camino al amigo Manuel el cabrero, ya empezábamos a dudar si seguía entre nosotros o nos había abandonado debido a su edad.
Cuando llegamos al Río San Juan, el inicio de la Vereda de la Estrella, empezamos a quitarnos pellizas ya que ‘la caló’ apretaba un poco, cuando de repente vemos venir a un individuo misterioso, muy alto y con un gorro sobre su cabeza… Coño, si es Darío. Un viejo amigo del grupo que decidió acompañarnos en nuestra expedición hacia el albergue de La Cucaracha.
Ya éramos ocho en el grupo, así que el tema debate era: ¿ Quien iba a llevar por esa maravillosa vereda repleta de nogales y encinas esta preciada guitarra rociada de manteca metida en la funda del Carrefour?. Por ‘obligación’ le toco al Xuxo ya que era el único que no iba a hacer noche en el albergue e iba más ligero de peso.
Tras unas horas de camino llegamos al puente del burro, lo que quería decir que afrontábamos la parte mas dura del camino “La cuesta de los presidiarios”, había maquinas y ropa de los trabajadoras que acondicionaban la zona. La subida se hizo dura y el grupo empezaba a romperse poco a poco en los trechos empinados, pero todos con la esperanza de llegar al rellanillo donde siempre descansamos.
El primero en llegar como siempre es el Reloj, siempre preparado con la cámara en la cima filmando la llegada a meta de los corredores y en esta ocasión teníamos premio; el regalo de llegada a la meta era una pieza metálica en forma de orquilla que nos encontramos por el camino e íbamos otorgando en cada llegada a meta.
Al poco tiempo ya llegamos al albergue, donde ya había un grupo de scout boys jóvenes con ganas de pasar allí el fin de semana. Pero todos nos encontramos con la negativa del guarda forestal que andaba por alli, ya que los enseres de los trabajadores se encontraban en el albergue y no se podía acampar. Finalmente los muchachos se fueron al albergue del Aceral y nosotros conseguimos quedarnos en una zona apartada del albergue en la que, gentilmente, César (el guarda forestal) nos permitió pernoctar.
Una grata sorpresa el haber conocido a César el guarda ya que pudimos aprender muchas cosas de este paraje y también conocer de primera mano que teníamos amigos en común el guarda y los mas veteranos de nuestro grupo.
Después de comer y descansar un poco iniciamos la excursión a por agua al barranco el Aceral. Esa agua ferruginosa que alivia un poco la sed cuando no la tenemos en el refugio. En esta ruta nos volvimos a meter en la antigua mina abandonada y de unos veinte metros de profundidad, aquí supimos el porqué “el reloj” iba con la larga cuerda enganchada en la mochila todo el camino.
Llegados a la Cucaracha nos preparamos para recibir la noche que se nos estaba echando encima y qué mejor manera que dándole otro toque al jamón que poco a poco iba mermando. Gracias a César pudimos disfrutar de todo un lujo en aquellos parajes: presenciar en un televisor el partido Real Madrid - --- gracias a un generador preparado para proporcionar energía en aquel entorno.
De nuevo, una vez dentro del refugio, un rato para charlar, contar anécdotas y chistes y escuchar la sorprendente voz del “Reloj” cantando “soy minero”. Hasta que uno a uno nos fuimos durmiendo.
El día siguiente amaneció espléndido. Cuando los primeros rayos del sol iluminaron el Veleta, nos dispusimos a afrontar el nuevo día con un opíparo desayuno en el que, como no, el jamón seguía siendo protagonista. Y ya sin prisa, pero sin pausa, nos preparamos, después de despedirnos de César y agradecerle su hospitalidad, al descenso hacia la Vereda de la Estrella. Vereda que, por ser domingo, estaba a rebosar de senderistas de todas las edades.
Llegamos a la hora justa al Barranco de San Juan y a una más justa aún al restaurante “Los Castaños”, donde descubrimos la excelencia de una buena cerveza y un arroz caldoso. Y de ahí, la foto de equipo y el retorno a Granada en el autobús de Güejar Sierra. Y ya estamos pensando en el año que viene.
Rodrigo