viernes, 9 de noviembre de 2012

NOS VAMOS ANIMANDO

Pues sí... nos vamos animando y vais mandando fotos. Como muestra estas de Alfonso del:

y

miércoles, 7 de noviembre de 2012

LAS IMPRESIONES DEL XUXO


La lluvia me hizo recordar otra jornada que aunque no viví directamente, si me la revivieron, entre sonrisas, en bastantes ocasiones. En aquel caso, el punto de destino era la playa, el motivo, pasar la noche vieja; Antonio y María José se dirigieron al piso de José Antonio y Carmen para comentarles que era una temeridad hacer esta excursión con el mal tiempo que hacía. Tocaron al timbre y fue Jose (sin acento, que así lo pronunciamos) quien abrió la puerta y sus ojos desmesuradamente: - ¡Carmen! ¡Qué ya están estos aquí! -. Ante esta explosión de entusiasmo, Antonio tuvo claro que la lluvia no iba a ser ningún obstáculo y que por lo tanto irían a la playa si o si.
En esta ocasión, no era la playa el destino, sino La Cucaracha. Como cada otoño, íbamos a visitar el albergue y pasear por uno de los entornos más hermosos de la Granada boscosa, donde castaños y encinares se hacen dueños de un paisaje que resulta balsámico para los amantes de la naturaleza. Como cada otoño, con este paseo, recordamos, más si cabe, a Jose. Como cada otoño sus amigos y alumnos iniciábamos aquella ruta que tantas veces hizo y que servía de acicate, de estímulo para el aprendizaje de esos conceptos, que si en los libros aparecían complicados y oscuros, aplicados y explicados en estos entornos se tornaban claros y prácticos.
Las siete de la mañana en el bar Ideal, marca fronteriza entre Granada y Maracena, era el primer punto de encuentro. Allí estábamos Jose “El Reloj”  con su furgoneta, Antonio, Natalio, Alfonso, Óliver y yo mismo, el Xuxo. Cargamos las mochilas y nos dirigimos a la capital, a la parada del autobús de Güejar Sierra, esta vez no para cogerlo, sino para esperar allí a Rodrigo y Genaro. Pronto aparecieron, y en nuestros automóviles, acompañados por la lluvia, tomamos la carretera hacia el pueblo. La niebla se añadió como una compañera más, y como tal nos aconsejo levantar, todavía más, el pie del acelerador.
Ya en Güejar, la panadería nos esperaba para darnos su bendición iniciática con la que empezar con buen pie nuestra andadura; sustituimos el agua bendita por una bendita torta de chicharrones o chocolate, que sobre gustos no hay nada escrito y la hogaza de pan con la que acompañar las viandas que teníamos preparadas.
Antonio nos ofreció, como brebaje para paliar el frío, estimulante para la circulación y elixir que deja buen sabor de boca, un trago de aguardiente dulce, demasiado dulce diría yo, que aún dormía en su petaca.
Entre broma y broma, resguardados en una especie de “tinao” alpujarreño, esperábamos a unos amigos de  Jose “El Reloj”, el Capi, Sergio y su sobrino que en unos minutos se presentaron.
Nos repartimos en los tres “todo terreno”, y nos encarrilamos hasta el Barranco de San Juan, acompañados por una lluvia lenta, cansina y permanente que los “limpia” en un acto sin fin, como la condena de Sísifo, intentaban apartar de nuestra vista.
Llegamos a la explanada que sirve de aparcamiento y no tuvimos problema en encontrar sitio, aunque no habíamos sido los primeros en llegar. Mochila a la espalda, e impermeable sobre el cuerpo, para intentar paliar en lo posible los efectos del agua que se empecinaba en subir junto a nosotros empezamos a prepararnos. Como siempre, hay clases y Antonio estrenaba un chubasquero de diseño, color gris metalizado, traído del mismísimo París, pero tuvo la mala fortuna de sacar uno de sus brazos, no por el lugar destinado para este fin, sino justo por el codo, abriéndose una enorme brecha. Otros llevábamos sombrillas o paraguas que dicen los capitalinos.
La guarda forestal que nos preguntó hacia donde nos dirigíamos conocía a la peña “El Bastón”. Antonio cruzó unas frases con ella y nos comentó que también tuvo el placer de haber coincidido con Jose en más de una ocasión.
No dimos más vueltas; nos despedimos de Genaro que tenía que volverse para Maracena porque, muy a su pesar, debía de resolver una serie de asuntos que no admitían dilación y nos enfrentamos con la vereda de “La Estrella”, obsequiándonos esta con su primera cuesta para abrir boca y obligarnos a hacer los estiramientos oportunos. Al final de la misma algunos ya se dieron cuenta que se habían abrigado demasiado, porque si bien estaba lloviendo, la temperatura no era baja.
Personalmente puedo decir que la lluvia, lejos de enturbiar la salida, le dio otros alicientes. No hablábamos demasiado, tampoco nos pudimos parar como hicimos en otras ocasiones, ni en el “Abuelo”, ni en el puente del “Vadillo”, pero por otro lado, es bueno pensar ayudado por el silencio, o arrullado por el sonido de las gotas al caer sobre las hojas de los árboles.
Empecé la cuesta de “Los Presidiarios” desde atrás. Esta circunstancia me permitió contemplar el estilo de subida de algunos y recordé, al ver a Natalio, el andar parsimonioso y constante de Jose, las dos manos atrás, bajo la base de la mochila. “El compadre”, como lo llama Antonio, nos comentó que había cambiado su estilo; que ya no iba tan rápido como antes y que prefería pasear a trotar.
Cada cual tomó el ritmo que más le convenía y “El Reloj”, atacó. De vez en cuando miraba hacia atrás para ver si había logrado abrir hueco. En un primer momento logré seguir el compás que marcó, pero tras dar un par de hachazos propios de un gran ciclista, tuve que dejarlo marchar. Cuando coronamos la cuesta, justo en el pequeño llano en el que en otras ocasiones nos paramos para esperar a todo el mundo, él dejó su mochila e hizo como en otras excursiones, volver sobre sus pasos para ayudar a los demás. El resto seguimos nuestro camino, aguardar era enfriarse y con las circunstancias climatológicas que estábamos sufriendo, no era lo más aconsejable.
Llegamos al refugio y aún no había nadie. Decidimos que lo mejor era encender la chimenea e intentar secar la ropa empapada por el sudor y mantener una temperatura agradable en el interior. Jose “El reloj”, que es un manitas, hizo los tendederos oportunos; Rodrigo ayudado por los consejos de su padre, avivó un fuego que pronto empezó a dar sus frutos, entre ellos un humo que nos hizo llorar a todos, amén de regalarnos con un perfume que ya nos iba a acompañar hasta el baño casero que
habríamos de tomar al llegar a nuestras casas.
Poco tardamos en sacar las viandas, no para almorzar, sino para llevarnos a la boca un ten-ten pie. En unos minutos Antonio nos ofreció una exquisita tortilla  como regalo para el paladar de todos. Cayeron la tortilla, los bistecs empanados, tomates con su sal, jamón, varios embutidos… y todo regado con un vino que nos calentó tanto o más que el fuego que tímidamente fue abriéndose paso entre las ramas mojadas de que disponíamos.
Entre bocado y bocado aparecieron los primeros “chascarrillos”, los recuerdos entrañables de otras salidas, las anécdotas que salpimentaban la historia de “La Compensatoria” y los brindis en honor de Jose. La ropa se fue secando y “el Reloj”,
cuando encontraba el duende, nos regalaba con alguna canción de “Antonio Molina”.
El tiempo fue pasando y pronto llegó la hora en que yo tenía que volver. No iba a pasar la noche en “La Cucaracha”, tampoco iba a poder disfrutar del almuerzo que al día siguiente, los compañeros y otros agregados tendrían en la que fue una de las estaciones del tranvía de la sierra. Antes de partir, Jose “El Reloj” me dio las indicaciones oportunas para hacerme con unas camisetas conmemorativas del evento, prendas para las que el mismo les había buscado patrocinadores y las había diseñado.
Inicié la bajada despacio, las rodillas están maltrechas y tienen más de medio siglo; pensando en todo y en todos y en nada en concreto, dejando que las ideas y los recuerdos aflorarán con total libertad, recordando que la eternidad se la damos a nuestros muertos en tanto que somos capaces de mantenerlos en nuestros recuerdos, que ellos somos nosotros porque sin ellos no hubiéramos llegado a ser lo que somos.
      

domingo, 21 de octubre de 2012

HECHO...!!!!

Ya está... ya estuvimos...
Hay fotos... muchas fotos y una crónica pendiente por parte del Xuxo.
Os dejo solo esta foto porque estoy muy cansado... nos vemos
Acordaros que todas las fotos deberéis mandarlas a:
ncarmona@ugr.es
Saludos...

Para ver más fotos pinchar aquí

viernes, 28 de septiembre de 2012

¡¡¡ POR FÍN !!!!

Pues sí... ¡¡ por fín !!!... ya tocaba. Hace dos semanas, en una reunión memorable, Antonio Molina (mi Compadre), Jose "El Reloj", Darío y el que suscribe, pusimos fecha a la subida. La verdad que el determinar la fecha fue una decisión no exenta de un arduo trabajo, de profundas reflexiones y de ajuste de agendas. Pero gracias a unas cervezas bien frías, un cordero exquisito y un "bon vin rouge" (todavía me acuerdo del francés de bachillerato), hubo fumasta blanca respecto a la fecha:

20 y 21 de octubre, sábado y domingo..

La cita es en la parada del 6, en Maracena a las 7:00 horas del sábado 20. La idea es tomar el autobús que sale del paseo de los Basilios a las 8:00 de la mañana y que nos lleva Güejar Sierra.
El que quiera llevar el coche se puede ir directamente al Barranco de San Juan y esperarnos allí.
De modo que ya sabéis... ya hay fecha y hora. Estamos ahora en los preparativos del regreso que, al igual que la última subida, tendrá sorpresa en el Charcón.
Nos consta que hay alrededor de 500 personas interesadas. A ver si a través de vuestros comentarios dejáis constancia de vuestra asistencia.
Nos vamos a La Cucaracha a homenajear a nuestro querido amigo José Antonio, a disfrutar de la naturaleza, a sudarla en la Cuesta de los Presidiarios, a olvidarnos de la crisis, a reir y porque nos da la gana.
Están preparando el escenario... la nieve puede que esté puesta y los colosos nos están esperando.
Un abrazo y mucha salud.
Natalio.