Al llegar el mes de octubre, cuando los días comienzan a acortarse y las hojas de los árboles se tiñen de tonalidades ocres, llega nuestro reencuentro anual con el “Memorial José Antonio Aranda Segovia”.
Este año,
el día elegido para realizar la subida a pie del refugio de La Cucaracha (Sierra
Nevada) ha sido el sábado 10 de octubre.
Con las primeras luces del
día, llegamos al pueblo de
Güejar-Sierra, en la panadería que está al lado de la iglesia. Como todos los
años, compramos pan recién horneado y tortas
de chicharrones. Posteriormente, en la plaza del pueblo José, “El Reloj”
ayudado por Inés, distribuyeron las
camisetas alusivas de este acto entre el grupo senderista. Han acudido a la
cita anual (además de los nombrados anteriormente): Santi, Mario, Natalio, Jesús Miguel,
Alejandro, Pedro, Rubén, Alfonso, Alejandro y su hijo Alejandro, Enrique, María
Paz, Valentín, Rubén y Antonio.
En coche, descendimos desde el municipio de Güéjar-Sierra hasta
llegar al Barranco de San Juan, donde aparcamos. En las inmediaciones nos
encontramos con el inicio de la Vereda de la Estrella que se adentra en el
Valle del Genil. Tras una caminata de una hora desciende al Puente del Burro donde
antiguamente se encontraba el Refugio del Vadillo. Cruzamos el río Genil y
remontamos la Cuesta de los Presidiarios que nos permite ascender a la Loma del
Calvario, hasta llegar a la puerta del refugio. Por
su orientación, presenta unas espectaculares vistas de las cumbres de la alta
montaña de Sierra Nevada: Alcazaba, Mulhacén y Veleta. Rodeado de pinos,
abetos, encinas y robles, es un lugar
único que despierta los sentidos.
El
grupo ha seguido distintos itinerarios. Por la
Cuesta de los Presidiarios han subido hasta el refugio: José Reloj, Mario,
Santi y su hija Inés, Alfonso, Rubén, Pedro, Valentín, Rubén, Alejandro y su
hijo Alejandro, Enrique y Mª Paz. Por las circunstancias de la COVID-19 hemos
decidido no pernoctar en la antigua casa
forestal, sólo realizar el trayecto senderista de ida y vuelta en la misma
jornada. Pero ahí están siempre los más pertinaces del grupo como José Ramal
(el Reloj), Mario, Santi y su hija Inés que decidieron acarrear con sus tiendas
de campaña y acampar en las inmediaciones de la explanada. Allí pasaron la
noche. Como ya sabemos, de años anteriores, en el refugio no hay agua, por lo
que tuvieron que ir al Barranco del Aceral para poder rellenar las
cantimploras. Las zarzas que circundan el arroyo estaban a rebosar de moras. Al
anochecer un zorro visitó el paraje y por la mañana descubrieron como el animal
les había husmeado en las mochilas, llevándose una zapatilla de Santi, que pudo
encontrarla entre los matorrales.
Enrique
y Mª Paz prosiguieron la senda que remonta el Barranco del Aceral que les
condujo hasta la junta de los ríos Valdecasillas y Valdeinfierno, en las
inmediaciones de Cueva Secreta. Allí
retomaron la Vereda de la Estrella en sentido descendente hasta regresar al
Barranco de San Juan.
Natalio,
Jesús Miguel, Alejandro y Antonio caminaron hasta las inmediaciones del río Guarnón.
Regresando al Barranco San Juan para mediodía.
Una vez más, José “El
Reloj” se ha ocupado de comprar las
camisetas y realizar todas las gestiones que esto conlleva. Él siempre
diligente, nos transmite la alegría por recordar la escuela de la Compensatoria
de Maracena. El tiempo filtra y dulcifica la memoria que vista a través de la nostalgia, parece
mejor de lo que en realidad fue. Pero los
recuerdos que ha dejado en nuestras vidas aquella experiencia educativa
centrada en el alumnado, que se mezclaba con distintas enseñanzas
profesionales, deporte, acampadas, viajes, dibujo técnico… sobreviven a las
décadas que han transcurrido ya desde que dejó de funcionar. Nos sentimos orgullosos
de haber sido partícipes de esa escuela innovadora en la que muchos jóvenes
encontraron la motivación para formarse como personas e iniciarse en el
aprendizaje de un oficio.
¡Cómo pasa el tiempo! Tu recuerdo nos
acompaña siempre querido y añorado compañero.
Antonio Molina Abril
