lunes, 12 de octubre de 2020

Crónica de la salida de este año por Antonio Molina

 


Al llegar el mes de octubre, cuando los días comienzan a acortarse y las hojas de los árboles se tiñen de tonalidades ocres, llega nuestro reencuentro anual con el “Memorial José Antonio Aranda Segovia”.

Este año, el día elegido para realizar la subida a pie del refugio de La Cucaracha (Sierra Nevada) ha sido el sábado 10 de octubre.

Con las primeras luces del día, llegamos  al pueblo de Güejar-Sierra, en la panadería que está al lado de la iglesia. Como todos los años, compramos  pan recién horneado y tortas de chicharrones. Posteriormente, en la plaza del pueblo José, “El Reloj” ayudado por Inés, distribuyeron  las camisetas alusivas de este acto entre el grupo senderista. Han acudido a la cita anual (además de los nombrados anteriormente):   Santi, Mario, Natalio, Jesús Miguel, Alejandro, Pedro, Rubén, Alfonso, Alejandro y su hijo Alejandro, Enrique, María Paz, Valentín, Rubén y Antonio.

En  coche,  descendimos  desde el municipio de Güéjar-Sierra hasta llegar al Barranco de San Juan, donde aparcamos. En las inmediaciones nos encontramos con el inicio de la Vereda de la Estrella que se adentra en el Valle del Genil. Tras una caminata de una hora desciende al Puente del Burro donde antiguamente se encontraba el Refugio del Vadillo. Cruzamos el río Genil y remontamos la Cuesta de los Presidiarios que nos permite ascender a la Loma del Calvario, hasta llegar a la puerta del refugio. Por su orientación, presenta unas espectaculares vistas de las cumbres de la alta montaña de Sierra Nevada: Alcazaba, Mulhacén y Veleta. Rodeado de pinos, abetos, encinas y robles,  es un lugar único que despierta los sentidos.

El grupo   ha seguido distintos itinerarios. Por la Cuesta de los Presidiarios han subido hasta el refugio: José Reloj, Mario, Santi y su hija Inés, Alfonso, Rubén, Pedro, Valentín, Rubén, Alejandro y su hijo Alejandro, Enrique y Mª Paz. Por las circunstancias de la COVID-19 hemos decidido no  pernoctar en la antigua casa forestal, sólo realizar el trayecto senderista de ida y vuelta en la misma jornada. Pero ahí están siempre los más pertinaces del grupo como José Ramal (el Reloj), Mario, Santi y su hija Inés que decidieron acarrear con sus tiendas de campaña y acampar en las inmediaciones de la explanada. Allí pasaron la noche. Como ya sabemos, de años anteriores, en el refugio no hay agua, por lo que tuvieron que ir al Barranco del Aceral para poder rellenar las cantimploras. Las zarzas que circundan el arroyo estaban a rebosar de moras. Al anochecer un zorro visitó el paraje y por la mañana descubrieron como el animal les había husmeado en las mochilas, llevándose una zapatilla de Santi, que pudo encontrarla entre los matorrales.

Enrique y Mª Paz prosiguieron la senda que remonta el Barranco del Aceral que les condujo hasta la junta de los ríos Valdecasillas y Valdeinfierno, en las inmediaciones de  Cueva Secreta. Allí retomaron la Vereda de la Estrella en sentido descendente hasta regresar al Barranco de San Juan.

Natalio, Jesús Miguel, Alejandro y Antonio caminaron  hasta las inmediaciones del río Guarnón. Regresando al Barranco San Juan para mediodía.

Una vez más, José “El Reloj” se ha  ocupado de comprar las camisetas y realizar todas las gestiones que esto conlleva. Él siempre diligente, nos transmite la alegría por recordar la escuela de la Compensatoria de Maracena. El tiempo filtra y dulcifica la memoria  que vista a través de la nostalgia, parece mejor de lo que en realidad fue. Pero los  recuerdos que ha dejado en nuestras vidas aquella experiencia educativa centrada en el alumnado, que se mezclaba con distintas enseñanzas profesionales, deporte, acampadas, viajes, dibujo técnico… sobreviven a las décadas que han transcurrido ya desde que dejó de funcionar. Nos sentimos orgullosos de haber sido partícipes de esa escuela innovadora en la que muchos jóvenes encontraron la motivación para formarse como personas e iniciarse en el aprendizaje de un oficio.

¡Cómo pasa el tiempo! Tu recuerdo nos acompaña siempre querido y añorado compañero.

Antonio Molina Abril

No hay comentarios:

Publicar un comentario