domingo, 18 de diciembre de 2022

Crónica de la subida año 2022

 Y es que no tengo arreglo…

Pronto me ofrecí a ser este año el relator de la subida a La Cucaracha, a propuesta de mi querido Compadre y henos aquí, en diciembre, apenas sin llover y en puertas de comernos los mantecados (si es que alguien no ha empezado ya).

Pero bueno, como dijo el otro, “nunca es tarde” así que allá va mi crónica, confeccionada con recuerdos que, a estas alturas, me está costando recopilar.

Día 22:

Cada vez me sabe mejor el café del bareto de la parada del bus. Cuando llegamos Rodrigo y yo, vamos pensando que somos los primeros y no hay manera, ya mi Compadre nos ha tomado la delantera y allí nos lo encontramos, con su mejor sonrisa, terminando su café y en compañía de Jose, Alfonso y Rubén. Poco a poco se van sumando Enrique y Oliver que este año vino acompañado de su cuñado. Este año hemos tenido la gran ausencia de nuestro Xuxo que por motivos personales no ha podido venir. A cambio, ha habido una nueva incorporación de otro antiguo alumno de la Compensatoria: Ramón (primo de Antonio), que para estrenarse tuvo la gran deferencia de quedarse dormido (cosas de gente joven). Enrique ya nos había informado que nos esperaría en el Barranco de San Juan, junto con tres acompañantes amigas suyas.

Así que con estas perspectivas nos encaminamos al comienzo de la Vereda de la Estrella, para emprender la ruta que año tras año nos pone las pilas en el mes de Octubre.


Me hubiese gustado decir que no pasan los años y que el entusiasmo nos hace acometer la vereda con el mismo ánimo y el mismo empuje, pero va a ser que no… Pronto la muchachada tomaron las de Villadiego a “tout vitesse”, dejándonos solos a mi Compadre y al que suscribe, lo cual nos permitió recuperar todo lo no hablado en los largos periodos de ausencia de ambos por diversos motivos (ya sabéis que los jubilados somos personas de lo más ocupadas y sin tiempo para nada).

La Vereda, como siempre una delicia. Este año hemos echado de menos un entorno más húmedo, (maldita sequía), no obstante el río Genil ha sido generoso, así como los diferentes arroyuelos. Me asombra que a estas alturas pueda seguir fluyendo agua, la Naturaleza que es así de espléndida.

Así, entre charla y charla y sin apenas darnos cuenta, llegamos al puente de Vadillo donde los demás habían hecho un alto y aprovechamos para tomar un poco de fruta, para así afrontar la verdadera subida: la Cuesta de los Presidiarios.  Aquí Enrique y compañía nos dejaron pues debían volver pronto.

Qué puedo decir de la Cuesta de los Presidiarios que la mayoría no sepáis?. Como todo en la naturaleza tiene sus pros y sus contras… en contra, el tremendo desnivel que hay que salvar en un relativo corto recorrido. En pro, las maravillosas vistas que recodo a recodo te va ofreciendo. Este año he contado con otro “pro”: mi Compadre, que con sus relatos, ocurrencias y reflexiones ha obrado el milagro de hacer de la subida un agradable disertar en el que hemos puesto al mundo en su sitio y en el que nos hemos despachado a gusto en lo referente a temas de rabiosa actualidad…. Jejejejeje.

Estos niños son la leche…qué sería la subida a la Cucaracha sin ellos. Es una delicia llegar y encontrarte las literas perfectamente organizadas y todo a punto para el primero de los varios tientos a las vituallas. Además de todo esto, tuvieron tiempo para darle una mano de pintura a los bajos de fuera del querido refugio que poco a poco, año tras año se va deteriorando ante la pasividad de los diversos organismos que lo regulan. Pero bueno, este es otro cantar.


Llega la hora de acometer una cuestión importante: a qué meterle mano primero.. si a los filetes empanados, tortilla, chacinas, callos…. Como decimos en Maracena, menuda “briboná”. Pero así es la cosa. Quién concibe una subida a la Cucaracha si no es para, entre otras cosas, darse un homenaje de este tipo?. Es la ceremonia de todos los años, comer, reír, descansar, ir por agua al Barranco de Aceral (ante el temor de que estuviera seco, el Barranco nos sorprendió un chorro generoso de agua, mejor incluso que otros años).

Ver atardecer a 1800 mts de altura es maravilloso y más aún acompañado de los “incombustibles” Jose, Enrique, Oliver, su cuñado, mi hijo y mi Compadre. Alfonso, Ramón y Rubén se despidieron al poco de llegar, pues debían regresar pronto. Cae la noche y con ella la sopa, la tortilla, los filetes empanados, las chacinas, los chupitos, las risas y algún que otro cubata. Quién da más?. Además de esto, queda la velada con alguna gente que se van incorporando durante la tarde, noche. Este año, debido a la pertinaz sequía y las circunstancias medioambientales, hemos decidido prescindir de la clásica fogata en la chimenea del refugio.

La noche?.. ya podéis imaginar, de todo menos dormir, muchas vueltas en las literas, mucho ronquido, alguna que otra eyección de metano y poco más.

Día 23:

Con la mañana llega el desayuno, el recoger basura y salir pitando para abajo. Pues ya teníamos mesa reservada en el Asador del Genil y a estas cosas no se debe llegar tarde.

Un año más, una subida más, una gozada, junto con el recuerdo de nuestro querido amigo José Antonio.

Mientras podamos seguiremos subiendo y el día que no podamos, miraremos las fotos.

MUCHO ÁNIMO Y MUCHA SALUD

Natalio.

Si queréis ver las fotos de este año. pinchar aquí


No hay comentarios:

Publicar un comentario