Y es que no tengo arreglo…
Pronto me ofrecí a ser este año el relator de la subida a La
Cucaracha, a propuesta de mi querido Compadre y henos aquí, en diciembre,
apenas sin llover y en puertas de comernos los mantecados (si es que alguien no
ha empezado ya).
Pero bueno, como dijo el otro, “nunca es tarde” así que allá
va mi crónica, confeccionada con recuerdos que, a estas alturas, me está
costando recopilar.
Día 22:
Cada vez me sabe mejor el café del bareto de la parada del
bus. Cuando llegamos Rodrigo y yo, vamos pensando que somos los primeros y no
hay manera, ya mi Compadre nos ha tomado la delantera y allí nos lo
encontramos, con su mejor sonrisa, terminando su café y en compañía de Jose,
Alfonso y Rubén. Poco a poco se van sumando Enrique y Oliver que este año vino
acompañado de su cuñado. Este año hemos tenido la gran ausencia de nuestro Xuxo
que por motivos personales no ha podido venir. A cambio, ha habido una nueva
incorporación de otro antiguo alumno de la Compensatoria: Ramón (primo de
Antonio), que para estrenarse tuvo la gran deferencia de quedarse dormido
(cosas de gente joven). Enrique ya nos había informado que nos esperaría en el
Barranco de San Juan, junto con tres acompañantes amigas suyas.
Así que con estas perspectivas nos encaminamos al comienzo
de la Vereda de la Estrella, para emprender la ruta que año tras año nos pone
las pilas en el mes de Octubre.
Me hubiese gustado decir que no pasan los años y que el entusiasmo nos hace acometer la vereda con el mismo ánimo y el mismo empuje, pero va a ser que no… Pronto la muchachada tomaron las de Villadiego a “tout vitesse”, dejándonos solos a mi Compadre y al que suscribe, lo cual nos permitió recuperar todo lo no hablado en los largos periodos de ausencia de ambos por diversos motivos (ya sabéis que los jubilados somos personas de lo más ocupadas y sin tiempo para nada).
La Vereda, como siempre una delicia. Este año hemos echado
de menos un entorno más húmedo, (maldita sequía), no obstante el río Genil ha
sido generoso, así como los diferentes arroyuelos. Me asombra que a estas
alturas pueda seguir fluyendo agua, la Naturaleza que es así de espléndida.
Así, entre charla y charla y sin apenas darnos cuenta,
llegamos al puente de Vadillo donde los demás habían hecho un alto y
aprovechamos para tomar un poco de fruta, para así afrontar la verdadera
subida: la Cuesta de los Presidiarios.
Aquí Enrique y compañía nos dejaron pues debían volver pronto.
Qué puedo decir de la Cuesta de los Presidiarios que la mayoría no sepáis?. Como todo en la naturaleza tiene sus pros y sus contras… en contra, el tremendo desnivel que hay que salvar en un relativo corto recorrido. En pro, las maravillosas vistas que recodo a recodo te va ofreciendo. Este año he contado con otro “pro”: mi Compadre, que con sus relatos, ocurrencias y reflexiones ha obrado el milagro de hacer de la subida un agradable disertar en el que hemos puesto al mundo en su sitio y en el que nos hemos despachado a gusto en lo referente a temas de rabiosa actualidad…. Jejejejeje.
Estos niños son la leche…qué sería la subida a la Cucaracha
sin ellos. Es una delicia llegar y encontrarte las literas perfectamente
organizadas y todo a punto para el primero de los varios tientos a las
vituallas. Además de todo esto, tuvieron tiempo para darle una mano de pintura
a los bajos de fuera del querido refugio que poco a poco, año tras año se va
deteriorando ante la pasividad de los diversos organismos que lo regulan. Pero
bueno, este es otro cantar.
Llega la hora de acometer una cuestión importante: a qué
meterle mano primero.. si a los filetes empanados, tortilla, chacinas, callos….
Como decimos en Maracena, menuda “briboná”. Pero así es la cosa. Quién concibe
una subida a la Cucaracha si no es para, entre otras cosas, darse un homenaje
de este tipo?. Es la ceremonia de todos los años, comer, reír, descansar, ir
por agua al Barranco de Aceral (ante el temor de que estuviera seco, el
Barranco nos sorprendió un chorro generoso de agua, mejor incluso que otros
años).
Ver atardecer a 1800 mts de altura es maravilloso y más aún
acompañado de los “incombustibles” Jose, Enrique, Oliver, su cuñado, mi hijo y
mi Compadre. Alfonso, Ramón y Rubén se despidieron al poco de llegar, pues debían
regresar pronto. Cae la noche y con ella la sopa, la tortilla, los filetes
empanados, las chacinas, los chupitos, las risas y algún que otro cubata. Quién
da más?. Además de esto, queda la velada con alguna gente que se van
incorporando durante la tarde, noche. Este año, debido a la pertinaz sequía y
las circunstancias medioambientales, hemos decidido prescindir de la clásica
fogata en la chimenea del refugio.
La noche?.. ya podéis imaginar, de todo menos dormir, muchas
vueltas en las literas, mucho ronquido, alguna que otra eyección de metano y
poco más.
Día 23:
Con la mañana llega el desayuno, el recoger basura y salir
pitando para abajo. Pues ya teníamos mesa reservada en el Asador del Genil y a
estas cosas no se debe llegar tarde.
Un año más, una subida más, una gozada, junto con el
recuerdo de nuestro querido amigo José Antonio.
Mientras podamos seguiremos subiendo y el día que no podamos,
miraremos las fotos.
MUCHO ÁNIMO Y MUCHA SALUD
Natalio.
Si queréis ver las fotos de este año. pinchar aquí
No hay comentarios:
Publicar un comentario